Friday, March 18, 2011

Todo texto tiene su pretexto

(Versión completa del artículo de opinión publicado en El Comercio del 9 de marzo del 2011)

A veces creo que el mito del eterno retorno es verdadero. Siete años atrás escribía en un artículo de opinión en El Comercio: “Tienes razón[…] si los docentes no hacemos algo por acelerar la muerte de los textos escolares querrá decir que estamos obligando a nuestros alumnos a montar a caballo cuando tienen miles de automóviles a su disposición.“ (Ver: http://breteleandotextos.blogspot.com/)

Cuatro años después, en mi blog personal y a raíz de algunos desatinados comentarios de Mercedes Cabanillas sobre los textos escolares, escribía:

  • Es absurdo seguir creyendo que la misión de la escuela es transmitir información y que ésta debe llegar a los estudiantes a través de los textos escolares. Vivimos en un mundo “hiperinformado”, en el que “superabunda” la información y lo que necesitan sus ciudadanos no es que la escuela les proporcione información, sino que les ayude a desarrollar las habilidades para seleccionar, comprender, analizar, discriminar, evaluar y juzgar toda la información que está al alcance de la mano.
  • Es absurdo seguir invirtiendo en textos escolares que presentan una sola y única información igual para todos, en lugar de hacerlo en bibliotecas que presenten multiplicidad de enfoques, de perspectivas y de aproximaciones a la verdad, o, lo que es lo mismo, en computadoras conectadas a Internet. ¿Cómo justificar que es preferible que en un aula hayan 40 textos escolares idénticos, en vez de 40 libros con distintas perspectivas, enfoques y contenidos sobre los mismos temas?
  • Es absurdo seguir pensando que una tarea de la educación es traducir el conocimiento científico a un lenguaje simple, infantil y monocorde para que los estudiantes la aprendan. ¿No es éste hora en que todos, especialmente el MINEDU, nos preocupemos porque los estudiantes aprendan a hacer ciencia y a convertir la información en conocimiento, en lugar de a repetir las verdades oficiales? (Ver: http://breteleando.blogspot.com/2008/09/los-textos-escolares-de-mercedes.html)

Luego de siete años, no solo siguen existiendo textos escolares, sino que los productores de esos primitivos instrumentos de ignorancia e incompetencia siguen haciendo grandes negocios con ellos. Pero es más grave ver cómo ellos corrompen a profesores y directores para que se presten a seguir estupidizando a nuestros hijos. Realmente espero que nunca veamos un vídeo que muestre a algún Director, o Viceministro o Ministro de Educación recibiendo beneficios por seguir comprando textos escolares, en lugar de invertir ese dinero en poner a disposición de los niños y adolescentes del país computadoras conectadas a Internet. Pero al Internet real y no al Internet-virtual que el Ministro Chang ha distribuido en para las 800,000 laptops del programa OLC, que sin Internet real son solo juguetes casi inútiles.

Hoy, una lista de útiles promedio por medio cuesta lo mismo que una netbook y una netbook conectada a Internet pone a disposición de cada niño más información que la que existe en todas las bibliotecas de nuestro país juntas. Las laptos del programa OLC cuestan 100 dólares cada una, claro que sin conectarlas a Internet son inútiles, porque el conocimiento no está en las computadoras, sino en el ciberespacio.

¿Qué hacemos frente a quienes están traficando con el futuro de nuestros hijos? Nos quedan dos opciones: O animamos a los padres de familia a rebelarse frente al absurdo, o animamos a las productoras de computadoras a ofrecer un mejor porcentaje que el que están ofreciendo las editoriales. La primera es la opción ética, pero desgraciadamente sólo el segundo garantizaría la desestupidización o destextificación rápida de nuestras escuerlas.

Friday, March 11, 2011

Desarrollo de competencias en la formación técnico profesional: APRENDIENDO DE NUESTROS ERRORES

11 de marzo

Ponencia presentada en el II Congreso Internacional de Formación Técnico Profesional "Competencias y Capacidades en la Formación Técnico Profesional en el Perú y el Mundo" organizado por el proyecto APROLAB II.

De todas las posibles aproximaciones a la formación de competencias en nuestro país, he optado en esta oportunidad por aproximarme desde la preocupación por los graves errores que algunos todavía cometemos cuando hablamos y hacemos acerca de la misma.

A muy pocas personas involucradas en la formación profesional se les ocurriría hoy decir que no pretende desarrollar competencias. Sin embargo, resulta asombroso descubrir que se exhiben en simultáneo muchísimas formas de hacerlo que son opuestas y contradictorias entre sí. Y, si pedimos que nos expliquen en términos prácticos (porque en las definiciones parece no haber desacuerdo) cómo se hace, nadie sabe con certeza y sin titubeos cómo se construye propuestas formativas que apunten con certeza hacia el logro de competencias y no hacia otras cosas. Creemos que ello se debe no sólo a confusiones y errores conceptuales sino, sobre todo, a graves errores prácticos o de concreción de la teoría en el plano de lo curricular y de lo cotidiano.

De la gran cantidad de definiciones del término “competencia” es posible extraer algunos rasgos comunes: “Competencia” implica una manera de actuar y de hacer eficazmente que, como un todo integrado y complejo, supone conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores, así como objetos y ámbitos específicos de acción. Que no es posible evaluarla por sí misma, sino a través de un desempeño específico.

Por otra parte, parece ser comúnmente aceptado el hecho que no es posible pensar la competencia al margen de la persona o de las personas que las detenten: los “competentes”. Y, sobre el quién es una persona competente parece haber acuerdo respecto a lo siguiente: nadie es competente en todo ámbito y contexto, pero quien lo es en un ámbito determinado podría llegar a serlo en otros. También que: la persona competente no sólo está abierta a seguir aprendiendo, sino que se encuentra permanentemente en la búsqueda de hacer mejor lo que sabe hacer. Esto último les permite afirmar a McDonald, Boud, Francis y Gonczi (2000)[1] que “Los estudiantes deben salir de un curso de formación profesional equipados para autoevaluarse a lo largo de sus vidas profesionales. Ellos necesitan ser capaces de hacer juicios confiables acerca de lo que saben y lo que no, y de lo que pueden y no pueden hacer.”

A partir de esas pocas coincidencias conceptuales de los teóricos y prácticos de la formación por competencias, quisiera llamar la atención sobre el poco cuidado que pedagogos y educadores solemos tener al pensar y al actuar en torno a las competencias. Considero que llevamos casi tres décadas usando irresponsablemente los términos “competencias”, “formación de competencias”, “desarrollo de competencias” y “profesionales competentes”. Digo “irresponsablemente”, porque no hemos medido las consecuencias prácticas que ese uso poco cuidadoso ha venido teniendo.

Una primera y grosera consecuencia práctica del mal uso del término competencia es el error frecuentemente cometido a partir de la constatación analítica de que una competencia es una “compleja combinación de atributos (conocimiento, actitudes, valores y habilidades) y las tareas que se tienen que desempeñar en determinadas situaciones” (Gonzci y Athanasou, 1996).

Ya que es posible distinguir, desde el desempeño exitoso de determinadas tareas, cuáles son los conocimientos, las actitudes, los valores y las habilidades específicas que deben poseer las personas que los pueden realizar, se ha llegado a pensar que podemos evaluar de manera independiente si una persona posee esos conocimientos, esas habilidades, esas actitudes y esos valores para concluir, promediando los resultados de esa compleja evaluación, en qué nivel de competencia se encuentran los sujetos evaluados.

Si lo anterior fuera posible, significaría no solo que la competencia es la sumatoria aritmética del nivel de posesión de conjuntos de conocimientos, habilidades, valores y actitudes independientes, sino que el nivel de su desarrollo estaría dado por un número determinado de respuestas correctas a un cuestionario y la ejecución de un conjunto de tareas independientes y, muchas veces, lejanas del desempeño técnico o profesional que supuestamente se quería evaluar y del que partió ese análisis de elementos constitutivos.

La competencia no es la sumatoria de los elementos identificados analíticamente respecto a un desempeño determinado, por el contrario es el conjunto integrado de los mismos. Por ello, sólo es posible evaluarla pidiéndole al evaluado el desempeño de la tarea materia de evaluación y, a lo sumo, pidiéndole que justifique por qué está haciendo lo que está haciendo y por qué ha optado por la manera en que lo está haciendo y, tal vez, además que nos explique de qué otras maneras, mejores de aquella por la que ha optado, se podría ejecutar esa tarea. Es evidente que hacer todo ello implica que el evaluado ponga en juego no sólo conocimientos, habilidades, valores y actitudes sino una manera particular de articularlos e integrarlos en una actuación específica y en un producto cuya calidad es posible evaluar y de los cuáles el evaluado puede dar razón.

Hay otro error frecuente que se deriva del ejercicio analítico y puramente intelectual de descomponer los “elementos” de una competencia: creer que la formación de la competencia se puede lograr proporcionándole al aprendiz las oportunidades de adquirir de manera independiente todos los conocimientos conceptuales involucrados en la competencia, desarrollar todas las habilidades que se ha descubierto en dicho análisis y adquirir las actitudes y valores que la constituyen. Inclusive, he llegado a conocer planes de estudio que pretenden desarrollar determinadas competencias agregando y cursos absolutamente conceptuales, otros puramente prácticos y, por supuesto alguno de ética o deontología profesional, todos ellos autónomos y desintegrados, pero con la pretensión de lograr que los alumnos, gracias al aprendizaje independiente todos los componentes de la competencia, se conseguirá que éstos milagrosamente se conviertan en la mente y en la práctica profesional del aprendiz, en un desempeño competente.

Pero, así como no es posible evaluar aisladamente cada uno de los componentes abstraídos analíticamente de un determinado desempeño profesional, tampoco es posible formar al profesional competente agregándole saberes inconexos y aislados.

El error anterior, llevado al extremo, ha hecho que podamos encontrarnos con algunos diseñadores de currículo que no solo le han otorgado independencia y “vida propia” a cada uno de los componentes de una competencia, sino que le han otorgado también carácter de competencia, llegando a afirmar que existen competencias conceptuales, competencias procedimentales y competencias actitudinales desde la constatación de que en la competencia es posible distinguir componentes de cada una de dichas clases. Podemos hablar de contenidos o elementos o componentes conceptuales, procedimentales o actitudinales de la competencia, pero de ninguna manera podemos predicar de cada elemento de la competencia que es también una competencia, craso error. No tan grave, pero emparentado con este error, está el de no poder discriminar entre competencias (formas de actuar y hacer complejos, que exigen la posesión de conocimientos, habilidades, actitudes y valores) valores, actitudes, habilidades, capacidades, etc., al punto que es posible encontrar currículos que prenden desarrollar “competencias” como “liderazgo”, “trabajo en equipo”, “comunicación efectiva”, “creatividad”, “solidaridad”, “emprendimiento”, etc., cuando sólo podría, quizás, afirmarse que se trate de competencias a los dos primeros, pero de ninguna manera a la comunicación efectiva, que pertenece al ámbito de las capacidades y habilidades; ni a la creatividad y el emprendimiento que pertenecen más bien al ámbito actitudinal; ni a la solidaridad, que pertenece más bien al ámbito de los valores.

Más burdo, pero cada vez menos frecuente de encontrar es el error de aplicar a las partes la propiedad que solo le puede pertenecer al todo, afirmándose que un currículum por competencias es aquél en el que los objetivos de los cursos han sido reemplazados por competencias. O, lo que es casi lo mismo, que en un currículo por competencias cada curso desarrolla una o varias competencias. O, que como respecto a cada competencia podría afirmarse que quien la posee puede alcanzar diferentes niveles de desempeño, quien se está formando para alcanzar la competencia, irá alcanzando a lo largo de su formación, sucesivamente, cada uno de esos diferentes niveles de desempeño.

Evitar estos errores teóricos y prácticos es indispensable si queremos asumir la tarea de definir perfiles profesionales, de determinar procedimientos para evaluaros o de determinar caminos formativos.

Recomendamos, finalmente, que cuando tengamos que determinar las competencias que queremos evaluar o aquellas que quisiéramos formar en un profesional, prestemos más cuidado en definir y precisar los desempeños que quisiéramos ver en quien las posea, que definir las competencias en lo abstracto y llenarnos de términos y frases rimbombantes, que nos pueden resultar útiles para el marqueteo de nuestras propuestas, pero absolutamente inútiles para el diseño de los procedimientos de evaluación o del currículum que las hará posibles. Una vez definidos con detalle los desempeños finales que esperamos pueda exhibir un profesional, podremos precisar los pequeños haceres específicos que tendría que poder demostrar antes, en el proceso de aprendizaje, para que llegue progresivamente hasta el desempeño final que debe demostrar.

Esperamos que éstas y otras reflexiones que se puedan generar a partir de ellas, contribuyan a desbrozar el camino hacia una formación de competencias técnicas y profesionales en nuestro país.



[1] McDonal, R., Boud, D., Francis, J. y Gonzci, Andrew (2000). Nuevas perspectivas sobre evaluación. En Boletín Cinterfor, No 149, mayo-agosto 2000. Bogotá.



Tuesday, December 16, 2008

¿Podremos tener un sistema educativo de calidad?

Luis Bretel
Noviembre 2008
Artículo publicado en la revista “Corresponsables”

En julio de este año el PREAL[1] en su Documento No 41, publicó la traducción al español del producto de la investigación realizada por Michael Barber y Mona Mourshed “¿Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos?

La revisión de este documento deja al lector dos certezas consoladoras: “…que la excelencia en educación es una meta alcanzable y a un costo razonable.” … “…lograr una buena distribución de los resultados del aprendizaje, que además sea equitativa desde el aspecto social, puede abordarse con éxito.”

Entre los descubrimientos que contradicen el sentido común, la investigación demuestra que no existe una correlación directa entre el aumento en la inversión en educación y la mejora en la calidad y los resultados de la misma. Y que la mayor inversión en educación no basta por sí misma ya que la mejora de la calidad depende más de en qué se invierte que de cuánto se invierte.

Para saber por qué algunas escuelas tienen éxito y otras no, los autores estudiaron veinticinco sistemas educativos de todo el mundo, incluidos diez de los sistemas con mejor desempeño, y analizaron qué tienen en común los sistemas con alto desempeño y cuáles son las herramientas que emplean para mejorar los resultados de sus alumnos.

Lo que descubrieron, desde la experiencia de los sistemas educativos exitosos, más allá de las distancias geográficas y culturales entre ellos, es que pueden lograrse en el corto plazo mejoras considerables en los resultados, y que existen factores y prácticas comunes en ellos que de aplicarse universalmente podría alcanzarse gran impacto en la mejora de los sistemas educativos con dificultades, dondequiera que
Estén.

Los tres factores y prácticas comunes que parecen explicar el éxito que dichos sistemas han alcanzado son:

La implementación de estrategias acertadas para atraer y reclutar a las personas más aptas para ejercer la docencia;
El haber logrado desarrollar a dichas personas, hasta convertirlas en educadores eficientes; y
El haberse propuesto garantizar que el sistema brinde la mejor instrucción posible a todos los niños.

Entre las primeras, las estrategias para atraer a los más aptos hacia la docencia, hay lecciones y prácticas realmente valiosas como ofrecer un programa de becas integrales (incluyendo una subvención para vivir y otros gastos personales) sólo a los estudiantes de muy alto rendimiento escolar que deseen estudiar educación en las mejores instituciones del país o del extranjero. O, también, ofrecer contratos temporales y subvenciones especiales a los mejores egresados de algunas carreras universitarias que quieran ejercer la docencia por uno o dos años en una escuela pública. Finalmente, en hacer muy atractivo el salario inicial de inicio a la carrera magisterial, creando una situación atractiva en comparación con las otras carreras, aunque luego no existan grandes diferencias entre un nivel y otro. Luego de lo anterior, que puede hacer atractiva la carrera, asegurar que el acceso a la misma sea posible sólo para los mejores.

En segundo lugar, el esfuerzo fue puesto en lograr que la calidad de las instituciones, los procesos y recursos formativos y especialmente de los formadores de docentes, garantice que quienes llegarán a las escuelas serán docentes de muy alta calidad.

Pero, creo que lo más interesante es la tercera constatación, que los sistemas educativos exitosos son aquellos que se han propuesto la tolerancia cero frente al fracaso escolar. Es decir, aquellos sistemas, escuelas y docentes que no toleran que uno solo de sus estudiantes no alcance el éxito. Esto no sólo implica una alta expectativa puesta en el desempeño de cada niño y adolescente, lo que lo impulsará indudablemente hacia los mejores resultados, sino el compromiso personal del sistema con cada niño. No son sistemas que estén dispuestos a darles la mejor educación sólo a los mejores, sino comprometidos con que todos y cada uno de los estudiantes efectivamente lo logren.

Creo que es tan vital esta última constatación, que me atrevería a pensar que el día en que cada docente, cada escuela y el sistema educativo peruano asuman que su responsabilidad no acaba con una “buena enseñanza”, sino que estén tan comprometidos con el éxito del aprendizaje de cada niño como para hacer todo lo necesario para lograrlo, tendremos un indicador importante que avanzamos hacia tener un sistema educativo exitoso.


[1] Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe: http://www.preal.org

Tuesday, September 09, 2008

LOS TEXTOS ESCOLARES DE MERCEDES CABANILLAS

Luis Bretel

Nunca pensé que la congresista Mercedes Cabanillas pudiera presentar argumentos intelectualmente tan ingenuos (“torpes” sería la palabra adecuada pero no es elegante) al fundamentar sus críticas frente a los textos escolares adquiridos por el Ministerio de Educación. Son argumentos tan absurdos que, en algún momento, me hicieron malpensar acerca de posibles oscuros motivos que la congresista estaría tratando de disimular tras una argumentación tan infantil: ¿Será que el Apra no encuentra otra manera de deshacerse del viceministro Vexler o del Ministro Chang? ¿Será que alguna editorial competidora está usando a la congresista para desprestigiar y deshacerse de Editorial Norma?

Honestamente, prefiero no seguir malpensando y, más bien, discutir lo que hay de fondo en las mediáticas críticas de la congresista. No creo que valga la pena discutir si la famosa actividad de aprendizaje, que pretendía generar el debate y la reflexión ético política de los estudiantes de 5º de secundaria, es o no una velada “apología del terrorismo”. Hacerlo no sólo sería entrar en un debate inútil, sino que supondría asumir que, en un país democrático y, supuestamente, respetuoso de los derechos humanos, es posible la existencia de un delito de opinión y pensamiento. Sabemos que la dictadura de Fujimori inventó el delito de “apología del terrorismo”, la pregunta es ¿podemos seguir aceptando la validez jurídica, ética y política de semejante engendro jurídico, dictatorial y totalitario?

Pero, dejando de lado ese aspecto del argumento esgrimido por la congresista, es legítimo discutir sobre los otros supuestos planteados en su argumentación, a saber: Los textos escolares son necesarios y útiles; el Ministerio de Educación tiene el deber de determinar no sólo qué información debe llegar a los estudiantes peruanos, sino también el enfoque desde el que ésta debe ser presentada; el Ministerio de Educación y el Congreso de la República tienen derecho a erigirse como los censores de la verdad y a juzgar desde sus poderes superiores si la información que transmiten los textos escolares se ajusta a la verdad y a los sagrados intereses de la nación que ellos encarnan; el desarrollo de la conciencia reflexiva y crítica de los estudiantes peruanos debe subordinarse, en nombre de su formación, al aprendizaje de una información determinada verdadera por los censores oficiales y una sola perspectiva de lo verdadero, la que los mismos censores determinen; la educación consiste en transmitir información y la tarea del Ministerio de Educación es asegurar que dicha información sea verdadera y se transmita con fidelidad y en el enfoque determinado por el Estado a cada niño y joven.

A mi parecer los verdaderos absurdos de la argumentación de la congresista Cabanillas están por allí:

  • Es absurdo seguir creyendo y afirmando que la Educación y, por tanto, la misión de la escuela consisten en transmitir información y que ésta debe llegar a los estudiantes solo a través de los textos escolares. Señora Cabanillas, vivimos en un mundo hiperinformado y ello implica que si algo superabunda es información. Y, por tanto, una de las tareas fundamentales de la escuela y la educación, hoy en día, es lograr que los niños y jóvenes aprendan a moverse en ese medio hipertrofiado de información. Lo que necesitan los ciudadanos del siglo 21 de la escuela no es que les proporcione información, sino que les ayude a desarrollar las habilidades para seleccionar, comprender, analizar, discriminar, evaluar y juzgar la información que está al alcance de la mano.

  • Es absurdo seguir creyendo que vale las pena invertir en textos escolares que presentan una sola y única información igual para todos, en lugar de hacerlo en bibliotecas que presenten multiplicidad de enfoques, de perspectivas y de aproximaciones a la verdad, o, lo que es lo mismo, en computadoras conectadas a Internet. ¿Cómo justificar, en pleno siglo XXI, que es preferible que en un aula de 40 estudiantes hayan 40 textos escolares idénticos, en vez de 40 libros distintos que aborden desde perspectivas y enfoques distintos y con información distinta los mismos temas?

  • Es absurdo seguir pensando que una tarea de la educación, de la escuela y del Ministerio de Educación es traducir el conocimiento científico producido por la humanidad a un lenguaje simple, infantil y monocorde para que los estudiantes la aprendan. ¿No es éste el momento en el que el Ministerio de Educación y la escuela debieran empezar a preocuparse porque los estudiantes aprendan a hacer ciencia y a convertir la información en conocimiento, en lugar de a repetir las verdades oficiales?

  • Es absurdo, en pleno siglo XXI, seguir creyendo que existe una única verdad y que el Ministro de Educación es su sumo sacerdote y, el Congreso de la República, el Consejo de Ancianos que debe velar por su pureza. No señora Cabanillas, la verdad sobre los hechos humanos, sociales e históricos no es una y ni el Congreso de la República, ni el Ministerio de Educación, ni usted pueden decidir cuál es la verdadera interpretación que debe darse a los hechos sociales e históricos.

Finalmente, le rogaría señora Cabanillas, también a todos aquéllos que han dicho algo acerca de este asunto, que dejen de quedarse en la superficie y empiecen a discutir sobre lo que hay de realmente inadecuado e incorrecto en todo ello.

Saturday, July 05, 2008

RETOS ACTUALES PARA LA EDUCACIÓN Y LA PEDAGOGÍA UNIVERSITARIA

Luis Bretel


1. Rol tradicional de la universidad

Desde su nacimiento la universidad ha enfocado su tarea en la docencia y en la investigación. Sin embargo, fue la primera tarea en la que concentró sus mayores esfuerzos, hasta que, a comienzos del siglo XIX, a partir del modelo propuesto por Humboldt en Alemania, de una universidad dedicada a la investigación y formación de científicos, fue asumiéndose la segunda.

Posteriormente, la presión por una mayor incorporación a ella y por ponerse a tono con los cambios de la revolución industrial, fue haciéndose notoria una mayor orientación hacia los estudios técnicos y la especialización Si bien esta universidad con enfoque profesionalizante, o napoleónica, ha tenido larga influencia en muchas universidades latinoamericanas, en muchas otras ha pervivido el conflicto entre la formación académica y la formación profesional.

Las universidades norteamericanas si bien tomaron su modelo de los colleges Ingleses, más bien orientados a la formación, incorporaron también aspectos del modelo alemán, aceptando el estudio de las técnicas, las finanzas y los negocios, pero con una notoria orientación hacia la investigación en forma notoria. “Este impulso las llevó en la postguerra de la segunda Guerra Mundial, a ser centros de investigación para producir nuevos conocimientos en convenios que llenan las necesidades de la industria y las empresas y que a su vez, ambas financian. Se les caracteriza así como empresas de servicios como un nuevo arquetipo de universidad de investigación o universidad organización, centrada en el crecimiento económico y la tecnología.”[i]

Estos tres modelos universitarios, a los que llamaremos tradicionales, en la realización de su tarea docente tienen su centro en los contenidos y en su transmisión, mientras que consideramos modelos de avanzada a aquellos que tienen su centro en los estudiantes y el desarrollo de sus competencias científicas y profesionales ya que los desarrollos contemporáneos de las ciencias del conocimiento plantean hoy la necesidad de “...entender que el aprendizaje efectivo y eficiente sólo ocurre cuando los estudiantes piensan, leen, reflexionan, retan, escriben, argumentan, debaten, analizan, cuestionan y experimentan, no cuando oyen pasivamente una clase.”[ii]

La concepción que llamamos tradicional está presente desde los orígenes mismos de la universidad. En sus inicios, la razón de ser fundamental de las universidades, sus profesores y sus bibliotecas, fue la de ser depositarias del saber y la ciencia. La mayor y, quizás única, preocupación de muchas universidades fue garantizar a sus alumnos el acceso a la información en la mayor cantidad y actualidad posible. Sin embargo, en la medida que los volúmenes de información crecían geométricamente muchas universidades optaron por una falsa modernización, concentrando sus esfuerzos en emplear las estrategias más audaces y tecnológicamente más actuales para lograrlo.[iii] Pero, por continuar centradas en los contenidos y su transmisión, estas “modernas” universidades, pueden seguir siendo consideradas tradicionales, ya que en ellas, entre otros rasgos, organizar la currícula consiste únicamente en decidir qué información necesita recibir el estudiante sobre cada una de las materias o disciplinas del conocimiento y distribuirla en secuencias, sin ninguna atención seria a las demandas y necesidades reales de la sociedad y del mercado de trabajo, respecto a los conocimientos y competencias con los que esperan recibir a los futuros profesionales.

Partiendo de la afirmación, a todas luces acertada, de que la profundidad en el manejo conceptual le otorga calidad a la acción, en los modelos tradicionales se sostiene que antes de desarrollar los aspectos prácticos (manejo procedimental), era necesario proveer a los estudiantes de toda la teoría (información conceptual) que pudieran requerir para actuar en el futuro.

Esta manera de proceder trae serias consecuencias para los estudiantes:

· Se ven obligados a memorizar conceptos y teorías, con la promesa de su futura utilidad.

· Cuando llega el momento de utilizarlos ya no los recuerdan, porque su retención nunca había logrado pasar de la memoria de corto plazo, o porque les resulta imposible descubrir su vinculación con la acción o, lo que es peor, descubren que gran parte es irrelevante en el mundo profesional.

· Los estudiantes tienen serias dificultades para comprender la información que reciben, porque el orden y la secuencia en la que se expone la información es opuesta a los procesos naturales en los que se asimilan o acomodan los nuevos conceptos en las estructuras de pensamiento.

· Presentan incluso, algunos de ellos en la vida profesional, dificultades para razonar de manera eficaz y, en muchos casos, dificultades para asumir las responsabilidades correspondientes a la especialidad de sus estudios y al puesto que ocupan. De igual forma se puede observar en ellos las dificultades para realizar tareas trabajando de manera colaborativa.

Para llevar a cabo su labor la educación universitaria tradicional organiza sus actividades distribuyendo los cursos, en los que ha dosificado y organizado la información, como quien organiza un tratado científico, de los conceptos básicos, principios y axiomas al principio, hacia las aplicaciones prácticas. Pero, no sólo los planes de estudio y los cursos organizan los contenidos a ser transmitidos, de lo más general a lo particular y específico, sino que, por lo general, también cada sesión de clase se estructura de esa manera. Los profesores acostumbran iniciar la exposición proponiendo un concepto o un procedimiento de ejecución, luego lo explican empleando argumentos y ejemplos, para finalmente proponer aplicaciones o ejercicios. [iv]

Los estudiantes acuden a sesiones en las que los profesores, poseedores de la ciencia, exponen la información en clases “magistrales” con la esperanza de que algo aprenderán. En dichas sesiones, por lo general, los estudiantes sólo pueden establecer relaciones asimétricas con el profesor y con los demás estudiantes. La organización del tiempo, de la materia, del espacio y del mobiliario, sillas y mesas, asegura tal asimetría. Normalmente, se espera que el estudiante se adapte al profesor, a la naturaleza del curso, a la profundidad de sus contenidos y a la naturaleza de la disciplina. En estos modelos de docencia ni siquiera se plantea la necesidad de que el profesor se adapte a los alumnos, o que los contenidos se presenten de tal manera que se ajusten a los procesos de comprensión o construcción de conocimientos de los alumnos, o que las disciplinas respondan a las necesidades y expectativas de los estudiantes.[v]

En este modelo se considera que las interrelaciones entre los alumnos, especialmente durante clase, perjudican e impiden un adecuado aprendizaje, porque no permiten que presten atención al profesor e impiden la captación de la información que él les está transmitiendo. Si fuera de clase los alumnos estudian o trabajan en grupo, lo hacen por propia iniciativa y no porque esto sea lo promovido por el modelo. Se considera que la resolución de situaciones problemáticas, es el punto de llegada del aprendizaje. Los estudiantes son enfrentados a situaciones problemáticas reales, al final de los procesos de exposición de una unidad temática, de un curso o en muchos casos sólo al final de una carrera específica. Poder resolver estas situaciones, exige a los alumnos haber desarrollado sus capacidades integradoras y sintéticas, su razonamiento lógico, sus habilidades y capacidades estratégicas, aunque ninguno de los cursos haya planteado explícitamente la tarea de entrenarlas o desarrollarlas de manera sistemática. Es algo que se supone deben saber hacer, aunque no se pueda precisar cómo se aprende a hacerlo, ni en qué momento lo aprendieron a hacer.[vi]

En las universidades tradicionales, por lo general, o se evalúa que los estudiantes hayan memorizado conceptos o procedimientos, o que los puedan transferir o aplicar, demostrando poseer algunas capacidades que nunca fueron explícitamente desarrolladas, aunque se supone que los estudiantes las han desarrollado por su cuenta, aunque nunca hubieran aprendido cómo hacerlo.

Muchos profesores universitarios, se quejan del escaso nivel de razonamiento, de las dificultades para sintetizar, para diseñar y desarrollar estrategias de solución autónomas, de a escasa dificultad para juzgar y evaluar críticamente, y de la escasamente desarrollada creatividad de sus estudiantes y a su desmotivación por el aprendizaje, aunque ello se debe en gran medida al modelo pedagógico implementado.[vii]

Tal situación, así como los cambios operados en el ámbito de la ciencia y el conocimiento nos exigen pensar en otro modelo de universidad que pueda responder mejor a tales retos.


2. Cambios en la sociedad y en el mundo del conocimiento

El inicio del siglo XXI, ha traído importantes cambios en las ciencias y el conocimiento[viii]. La velocidad con la que se incrementa el volumen de las investigaciones y de los nuevos hallazgos resultantes; así como el desarrollo de cada una de las disciplinas y el surgimiento de nuevos espacios de conocimiento transdisciplinares, están poniendo a prueba las estructuras y algunos de los fundamentos del conocimiento científico[ix]. El efecto de esta situación sobre la educación, obliga a convertir a la universidad en un espacio para el desarrollo de las habilidades que permitan desarrollar nuevos conocimientos, y no para la transmisión de saberes estáticos; también para que el desarrollo de la capacidad reflexiva, entendida como la pregunta por la validez de los propios saberes y prácticas, sea considerada fundamental. Ello ha permitido, asimismo, que caigamos en la cuenta que existen conocimientos valiosos e importantes que no necesariamente podrían ser considerados científicos. Además, ha permitido descubrir que existen valiosas e innumerables dimensiones educativas en la vida cotidiana[x], al punto que se cuestiona la equivalencia, mantenida durante dos siglos en el sentido colectivo, entre formación académico - profesional y escolarización[xi].

“El hecho más característico de la sociedad contemporánea es que cada vez más depende del conocimiento. No sólo la producción y el uso de aparatos complejos, como computadoras, instrumentos de telecomunicación, herramientas de laboratorio y maquinaria industrial implican ahora un considerable grado de conocimiento, sino también los procesos productivos de todo lo que consumimos y empleamos día a día. Lo mismo ocurre con nuevos conceptos que son ahora claves para la competitividad en los mercados internacionales, tales como calidad total, entrega a tiempo, automatización, producción flexible y productos hechos a la medida de las necesidades de cada usuario. Estos conceptos no pueden hacerse realidad de forma competitiva sin tecnologías sofisticadas, cuyo soporte fundamental es el conocimiento científico.”[xii]

Por otra parte, con el siglo XX ha desaparecido el conflicto ideológico que dividió a la humanidad durante la mayor parte de él. La desaparición de este conflicto bipolar ha permitido el surgimiento de un amplio proceso de búsqueda o reconstrucción de identidades, en dos direcciones opuestas: mediante la consolidación de sistemas de valores construidos hacia adentro, muchas veces refractarios a otros e incluso intolerantes; o mediante la construcción de sistemas de valores con pretensión de universalidad, a veces abiertos a otros y más tolerantes.

Esta constante búsqueda de identidad, no concluida, que tiene en el "zapping" valorativo y cultural su mejor expresión, nos ha exigido buscar valores que tengan sentido y carácter universal: los derechos humanos, la democracia y la conciencia ciudadana han sido, entre otros, los encontrados. Y la formación de un sentido de la responsabilidad y el énfasis en la formación ciudadana, se han constituido en metas y objetivos educativos de carácter universal[xiii]. Alcanzar esta meta con coherencia, supone promover su incorporación en sistemas de valores locales buscando su aceptación personal desde la propia reflexión y en un contexto en el que la interculturalidad se asume como dialogo y contrastación con los otros.

Con el desarrollo exponencial de las comunicaciones se ha iniciado la construcción de un entorno social crecientemente hiperinformado. En el ámbito de lo individual, estos procesos van permitiendo flexibilizar el uso del tiempo, abriendo la posibilidad de participar en múltiples actividades productivas, recreativas y de aprendizaje sin importar la distancia entre demandante y la fuente o proveedor.

Asimismo, tanto el desarrollo tecnológico, como de los fenómenos de virtualización de las relaciones económicas y sociales, intensificados en los últimos años, conducen a un cambio radical en la forma como se llevan y llevarán a cabo la producción de bienes materiales y simbólicos, así como la participación de los individuos en estos procesos. Las tendencias actuales indican que, por un lado, se fortalecerán las tendencias a la automatización de los bienes materiales, reduciéndose la participación directa de la fuerza de trabajo humana y, de otro lado, se requerirá una mayor participación de las personas en la producción de bienes simbólicos[xiv]. Los actores económicos, sean estos individuos, empresas, corporaciones, entidades financieras y consumidores, se relacionarán crecientemente a través de entornos mediáticos.

Bajo tales condiciones, conceptos como el de empleo estable y puesto de trabajo permanente, serán sustituidos por otros como los de empleabilidad y autoempleo, referidos a la versatilidad de las personas para adecuarse e incorporarse a sistemas productivos flexibles y cambiantes, en los que predominan las relaciones horizontales, el trabajo en equipo y la polivalencia.

Por otra parte, el desarrollo de las comunicaciones ha permitido potenciar la calidad y cantidad de interacciones entre personas, entre sociedades y entre culturas en un espacio virtual en el que no importa la raza, el sexo, la edad o el lugar donde se vive. El vice canciller de la Open University, la mayor universidad a distancia del mundo, señalaba que el uso de Internet ha significado para sus alumnos más que una revolución en las formas de aprendizaje relativos a un programa específico, la posibilidad de relacionarse entre ellos para comunicar sus intereses, sus costumbres, dar a conocer lo que consideran hermoso y lo que no les parece bueno, y de opinar sobre lo que pasa más allá de sus fronteras[xv]. Hay un mayor número de voces que expresan directamente sus deseos, sus demandas, sus certidumbres y su desconcierto. Hay al mismo tiempo una universalización de protocolos, procedimientos para el uso de las nuevas tecnologías, patrones de comunicación, mezcla de idiomas y nuevos lenguajes.

Existen algunas dinámicas en el desarrollo de las TIC que permiten suponer la existencia de escenarios favorables para la incorporación de países como el nuestro, tanto al nivel del uso como de la generación de TIC en el futuro.

Entre los campos de investigación sobre TIC en los que se vinculan las capacidades de comunicación, uso y eficiencia de nuevos materiales están contemplados los desarrollos que prescinden del cableado como condición de acceso a las redes globales, lo que permitiría prescindir en un futuro cercano de redes telefónicas y eléctricas fijas como precondiciones para la interconexión vía Internet.

La constante caída de los precios de los productos tecnológicos amplía las posibilidades de acceso de cada vez más personas, organizaciones y naciones en la red de comunicaciones e interacciones globales. En el caso del Perú las cabinas públicas parecen ser la respuesta adecuada a la relación entre bajos ingresos económicos de las familias, y por tanto incapacidad para tener una computadora, y uso de TIC para comunicaciones, negocios y educación.

De otra parte, la vinculación de las TIC con la educación parecen orientarse a la creación de productos individualizados que trabajan para uno al interior de Internet[xvii], o que permiten el adiestramiento de nuestras capacidades de concentración y aprendizaje a través de entornos completamente virtuales o interfases cerebro – computador (http://www.attention.com/); sin que ello signifique dejar de participar al mismo tiempo en la experimentación de nuevas plataformas de comunicación como el Internet2.

Asimismo, sin tener que invertir en procesos de innovación-investigación tenemos la posibilidad de aprovechar de mejor manera las TIC que en otras partes del mundo, en función de nuestras necesidades. Y si bien no tenemos ventaja alguna para competir en el campo de la ciencia del hardware, si la tenemos para participar en la creación del software, que ya actualmente se desarrolla deslocalizadamente con una creciente participación de técnicos de países en desarrollo. También tenemos la posibilidad de aprovechar del software de libre disponibilidad.

Habría que señalar que el patrón de incorporación de las TIC en nuestra sociedad no sigue las rutas de las sociedades más desarrolladas. A pesar que en el Perú el número de computadoras en el hogar es pequeño, más aún la conexión familiar a Internet, el acceso a las TIC y a Internet crece a una velocidad muy grande en las áreas urbanas. Los entornos empresariales y comerciales y, especialmente, el creciente número de cabinas públicas han ido ampliando el acceso a diferentes sectores sociales.


3. Cambios necesarios en el rol de la universidad

En el contexto descrito anteriormente, signado por los grandes cambios científicos y culturales, en los que las nuevas tecnologías vienen jugando un rol preponderante, las universidades requieren ser redefinidas para que puedan seguir cumpliendo las funciones que históricamente le corresponden. Dentro de esta gran transformación les toca asumir hoy una doble misión que un siglo atrás no les pertenecía:

· Promover las capacidades para conducirse en la diversidad, acceder a la información y participar en redes de trabajo, aprendizaje y enseñanza a distancia.

· Apoyar a los individuos en la construcción de su sentido vital, contrarrestando las tendencias a la despersonalización de las relaciones sociales y a la consideración de las personas como únicamente sujetos económicos.

La primera misión, implica la modificación de los contenidos conceptuales y procedimentales de aprendizaje[xviii], ya que la universidad tiene ahora la tarea de formar personas capaces de:

· Clasificar y manejar grandes volúmenes de información[xix].

· Conducirse en entornos crecientemente tecnologizados;

· Actuar reflexivamente.

· Discriminar entre lo urgente y lo necesario.

· Incorporar permanentemente nuevos conocimientos, habilidades, experiencias e información en su quehacer social y profesional.

· Participar creativa e innovadoramente en la producción y/o adaptación de nuevos conocimientos y tecnologías.

La segunda misión implica el cambio y repriorización de los contenidos de aprendizaje actitudinales, ya que es necesario que la universidad:

· Se involucre en el desarrollo moral y ético de individuos[xx].

· Promueva su autonomía y asertividad, reemplazando la pasividad receptiva y la dependencia que la caracterizaban.

· Debe promover nuevas formas de socialización generando estructuras democráticas de participación activa, plena y permanente, contribuyendo así a la creación de un nuevo orden de ciudadanía universal[xxi].

Nuestras universidades deben asegurar que sus ciudadanos reciban una educación que les permita participar activamente en los nuevos escenarios sociales, políticos, económicos, científicos y culturales. Logrando esto estaremos no sólo evitando la exclusión de los profesionales peruanos de la sociedad global, sino también posibilitando el desarrollo y bienestar de la sociedad peruana.

En definitiva, como indicaba Jose Mª Bricall en su informe[xxii] sobre las universidades españolas, al cabo de casi dos siglos de vigencia, el paradigma decimonónico está agotado y ahora la necesidad histórica no consiste en mejorar la universidad que conocemos, sino en refundarla en torno a un nuevo paradigma que permanece indefinido, pero que deberá responder a las necesidades de la sociedad postindustrial.

En tal sentido, debemos tener en cuenta que la globalización y la necesidad de normalizar las calificaciones profesionales, posiblemente generarán - en un futuro no lejano - la necesidad de dar validez mundial a los títulos y grados académicos mediante mecanismos de evaluación y acreditación, así como de convenios y formas de colaboración internacionales. La obtención de calificaciones académicas globalmente reconocidas, por medio de créditos ganados en instituciones situadas en diversos países, puede convertirse pronto en realidad.

“La globalización y sus consecuencias ya descritas exigirán niveles académicos que, en general, superan el promedio actualmente imperante en los países subdesarrollados. Las mejores universidades nacionales no competirán entre sí, sino con las universidades globales originadas en el mundo desarrollado. La incapacidad de una nación para crear universidades a la altura de su tiempo posiblemente la condenará a tener que depender exclusivamente de entidades extranjeras para la formación de sus profesionales de mayor nivel, con consecuencias culturales, valóricas y políticas imaginables.”[xxiii]

En este contexto, si nuestras universidades quieren mantener su rol central en la transmisión de los conocimientos, es necesario que:

· “Identifiquen nuevas políticas de intervención para dar respuestas adecuadas a las necesidades de formación, incrementando la flexibilidad;

· Redefinan sus funciones para insertarse en el nuevo contexto y en el nuevo ambiente de la sociedad de la información;

· Modifiquen el rol profesional de los docentes;

· Se confronten con otras iniciativas de formación, paralelas y separadas, que ya se han desarrollado o que están por desarrollarse. “[xxiv]

En conclusión, los estudiantes de nuestra época requieren una universidad que:

· Desarrolle eficazmente las competencias científicas, tecnológicas y profesionales requeridas por el mundo actual y organice la currícula a partir de ellas. Teniendo en cuenta que una competencia no es información adquirida sino un saber-hacer que supone pericia, posibilidad de dar razón y justificar lo que se hace y, además, disposición para buscar permanente la calidad en el proceso y en los resultados del quehacer.

· Reconozca que su rol es desarrollar las habilidades para la búsqueda, comprensión, análisis, discriminación y procesamiento y producción de información y conocimiento científico y no sólo proveer información.

· Se atreva a romper con los viejos mitos de “la teoría es anterior a la práctica”, o “teoría y practica son procesos paralelos”. Asumiendo que se aprende a hacer ciencia haciéndola y que el científico no parte de los conceptos, principios o axiomas, sino desde los hechos, fenómenos o problemas del mundo real a los que espera poder dar solución, a los que busca comprender y encontrar explicación.

· Promueva el desarrollo de las estrategias de pensamiento y de construcción de conocimiento de los estudiantes, ofreciéndoles muchas y muy ricas oportunidades para explorar, sistematizar, experimentar, inducir, probar, y teorizar por sí mismos.

· Ponga al alcance de los estudiantes, desde los primeros momentos de su formación, problemas reales o muy semejantes a la realidad, y les permita diseñar, recorrer y evaluar sus propios procesos de análisis, reflexión, búsqueda y sistematización de la información.[xxv]

· Construya sistemas de evaluación que evalúen los niveles de desarrollo que los estudiantes van alcanzando en sus competencias profesionales y no la cantidad de información inerte que van siendo capaces de memorizar.

· Ofrezca a los estudiantes información precisa y transparente no sólo sobre lo que lograrán y sabrán hacer al concluir su formación, sino sobre lo que deben lograr en cada etapa y sobre los criterios específicos con los que sus profesores y su facultad evaluarán su desarrollo de habilidades, actitudes y competencias.

· Promueva con mucho énfasis las competencias sociales, las habilidades para el trabajo en equipo, para la investigación y el desempeño interdisciplinario y para la convivencia democrática, respetuosa y tolerante. Permitiendo que los estudiantes adquieran el estatus de real “ciudadano de la universidad” y que descubran el valor de la diferencia, de la contraposición de perspectivas, puntos de vista, concepciones y abordajes.

· Asuma que enseñar, aprender, investigar, reflexionar y construir conocimiento no sean tareas independientes, realizadas por sujetos distintos, sino tareas íntimamente vinculadas que deben ser realizadas por todos las perosnas que la componen.

· Sus profesores, de expositores de información y comunicadores de sus propias reflexiones e investigaciones, se conviertan en promotores, acompañantes, facilitadores y guías de los procesos de investigación, reflexión y construcción de conocimientos de los estudiantes.


4. Cambios necesarios en los métodos de enseñanza

Existe un número muy grande de investigaciones respecto a los métodos de enseñanza y sus ventajas respecto al desarrollo de aprendizajes conceptuales, desarrollo de habilidades y de actitudes. Lo interesante es la existencia demostrada de métodos que permiten el desarrollo simultáneo de niveles muy altos en el manejo conceptual, así como en las habilidades y actitudes generales que se espera que la universidad de nuestros días logre desarrollar en sus estudiantes[xxvii]. Algunos no son métodos novedosos, lo novedoso, en todo caso radica, por una parte en el volumen de pruebas empíricas respecto a sus efectos, y por otra en su cada vez más creciente incorporación en el ámbito de la educación universitaria que hasta hace tres décadas los despreciaba por considerarlos escolares y contradictorios con su propio estatus y prestigio académico.

Señalábamos que se nos plantea a las universidades la necesidad de reemplazar los métodos tradicionales, centrados en el profesor y su enseñanza frontal, por otros centrados en el estudiante. La razón fundamental es la convicción de que la enseñanza frontal no es coherente con la misión actual de la universidad, porque:

· Los métodos educativos tradicionales refuerzan el esquema en el cual el profesor se constituye en el eje del proceso de enseñanza, mientras que el estudiante recibe pasivamente y participa sólo en la ejecución de las actividades seleccionadas por el profesor, lo que muchas veces hace del estudiante una persona que espera recibir todo conocimiento del profesor.

· Para estos métodos sólo el conocimiento es su objeto de enseñanza. El proceso educativo está, en la mayor parte de los casos concentrado en la exposición del maestro. Sólo evalúan el conocimiento. Aunque es obvio que pueden estar desarrollando habilidades, actitudes y valores, lo hacen de manera no intencionada ni programada y sin evaluar su logro.

· La enseñanza frontal, lejos de promover la disposición al desarrollo de los propios talentos y destrezas, la creatividad, la iniciativa, la disposición por la cooperación y el trabajo en equipo, la solidaridad, la flexibilidad y la tolerancia al cambio, tiene una fuerte influencia negativa sobre ellos, desestimulando fuertemente su desarrollo.

Los métodos que permitirían una total coherencia con la misión de la universidad, son aquellos genéricamente conocidos como métodos de aprendizaje activo cooperativo o colaborativo. Métodos que permiten que el estudiante:

· Asuma la responsabilidad de su propio aprendizaje, que desarrolle las habilidades de buscar, seleccionar, analizar y evaluar la información, asumiendo un papel más activo en la construcción de su propio conocimiento.

· Pueda asumir un papel activo y colaborativo en su proceso de aprendizaje, a través de actividades que le permiten exponer e intercambiar ideas, aportaciones, opiniones y experiencias con sus compañeros, convirtiendo así el espacio del aula en un foro abierto a la reflexión y al contraste crítico de pareceres y opiniones.

· Tome contacto con su entorno, para intervenir social y profesionalmente en él, a través de actividades como trabajar en proyectos, estudiar casos y solucionar problemas.

· Se comprometa en la reflexión sobre lo que hace, cómo lo hace y qué resultados logra, permitiéndole encontrar caminos concretos de mejoramiento.

· En suma, desarrollen su autonomía, su pensamiento crítico, así como actitudes colaborativas y sociales, destrezas profesionales y capacidad de autoevaluación.

Entre los métodos activo-cooperativos está, por ejemplo: el método de casos, el aprendizaje basado en problemas, el método de proyectos, el debate controversial, los juegos de negocios y simulaciones, la investigación y muchos que ya se han usado extensivamente, pero que ahora pueden usarse más efectivamente debido a las múltiples investigaciones respecto a su eficacia y a la enorme sistematización de variaciones, recursos, medios y materiales que se han creado desde cada uno de ellos.


5. Cambios necesarios en la evaluación

La evaluación debe garantizar que quien egresa de la universidad se ajuste al perfil específico de cada especialidad. Perfil que debe enumerar los rasgos específicos que deben ser alcanzados. Ello supone diseñar sistemas que permitan la evaluación integral de los aprendizajes, para lo cual es necesario:

a. Determinar para cada rasgo de cada Perfil específico del egresado, los niveles mínimos aceptables para considerar que alguien los alcanzó. En el caso de los conocimientos esto se expresa en la información mínima que debe manejar y el nivel mínimo aceptable de manejo para cada campo temático (Identificarlo, explicarlo, compararlo, evaluarlo, etc.). Por ejemplo: si se espera que el egresado tenga conocimientos sobre Estequeometría, habría que determinar qué debe poder hacer con sus conocimientos sobre estequeometría: Decir qué es la estequeometría, realizar el balance de una ecuación química explicando el proceso realizado, etc.

b. En el caso de las habilidades es necesario que se definan los desempeños o los haceres específicos que con relación a cada habilidad deben poder demostrar poseer. En el caso de los valores y actitudes, los comportamientos que se espera poder observar de manera consistente en los egresados.

c. Para cada perfil específico es indispensable determinar el valor relativo que cada rasgo posee, ello porque si bien lo ideal es que cada egresado posea todos los conocimientos, habilidades y actitudes por encima de los niveles mínimos deseables, que podría equivaler a un nivel de ajuste total al perfil o de 100% de ajuste, es indispensable saber que nivel o porcentaje de ajuste a él es el mínimo para considerar que alguien concluyó de manera aceptable su formación. Si este nivel es del 51% o del 70%, o del 65%, es importante haber determinado qué rasgo del perfil a qué nivel de desarrollo es indispensable, o qué otro puede no ser poseído y sin embargo no compromete la calidad de los aprendizajes vistos en conjunto.

d. Teniendo en cuenta que cada curso contribuye al desarrollo de todos o algunos rasgos de cada perfil específico, es indispensable realizar para cada uno un análisis semejante al anterior. Es decir, es indispensable definir con la mayor precisión posible los indicadores a través de los cuáles se evaluarán los aprendizajes específicos de los estudiantes, de tal manera que el aprobar o desaprobar un curso no sea resultado de un azar, sino del mayor o menor ajuste a los aspectos específicos del Perfil que el curso esperaba desarrollar.

e. Una vez definidos los indicadores específicos de evaluación de cada curso y de cada etapa de formación es indispensable asegurar que los estudiantes los conozcan de tal manera que permanentemente puedan autoevaluar su nivel de ajuste o cercanía con lo que se espera de ellos, con relación a la formación de la especialidad y con relación a la formación específica de cada curso.

f. Diseñar procedimientos de evaluación que no sólo permitan medir conocimientos, sino también habilidades y actitudes. Que al mismo tiempo midan cada uno de estos aspectos tantas veces se considere necesario para garantizar que realmente se posee o no los conocimientos esperados, que la habilidad efectivamente se ha desarrollado y que las actitudes y valores realmente se han interiorizado.

g. Modificar los reglamentos de evaluación y certificación de tal manera que se garantice que no egrese de la universidad quien no posee los niveles mínimos esperados respecto a cada uno de los rasgos del Perfil y que no apruebe un curso quien no alcanzó los aprendizajes mínimos que se esperaba que fueran alcanzados a través de él.

h. Garantizar la existencia de un sistema que permita evaluar permanentemente la pertinencia y eficacia de los indicadores de evaluación definidos y los procedimientos empleados.


6. Roles que debe desempeñar el docente en una universidad en cambio

Finalmente, el nuevo escenario socio-cultural y económico en el que actúa la universidad nos demanda, a los docentes universitarios, el desarrollo de nuevas funciones y la aplicación de nuevas metodologías que permitan un mejor aprovechamiento de las ventajas que aportan las nuevas tecnologías y resulten congruentes con las actuales teorías socio-constructivistas sobre los procesos de aprendizaje. La docencia universitaria exige el desarrollo de un conjunto de competencias.

A partir de las aportaciones que Cruz Tomé[xxviii] y de otros estudios[xxix] podríamos considerar las siguientes competencias básicas como indispensables en un docente universitario:

· Ser un experto en la disciplina que enseña (tanto en sus principales conceptos como procedimientos).

· Utilizar métodos y actividades variadas: exposiciones participativas, prácticas, estudios de caso, trabajos grupales, etc..

· Fijar unos objetivos claros y compartirlos con los estudiantes.

· Planificar sus cursos y cada una de las sesiones de aprendizaje, así como preparar los materiales didácticos indispensables.

· Favorecer el desarrollo intelectual. Promover aprendizajes autónomos (aprender a aprender) y creativos.

· Identificar las características de los estudiantes y tenerlas en cuenta.

· Tener entusiasmo por la enseñanza y por su disciplina.

· Motivar a los estudiantes, despertando su curiosidad intelectual.

· Crear una atmósfera agradable.

· Orientar y asesorar a los estudiantes, preocuparse por sus aprendizajes y dificultades.

· Estar accesible a ellos fuera de clase.

· Utilizar métodos de evaluación diversos que permitan controlar los aprendizajes de los estudiantes y promover su propia autoevaluación.

· Aplicar las TIC en general y en el ámbito de su curso.

· Aplicar técnicas de investigación en el aula.

· Trabajar en equipo con otros profesores para mejorar los planes de estudios y la docencia en general.


REFERENCIAS


[i] ESCOBAR TRIANA, JAIME. Universidad Presencial Y Universidad Virtual En La Era Del Conocimiento. Universidad El Bosque. http://fepafem.org/conferenciaint/viernes/jaimescobartriana.html
[ii] KIAMCO CÉSAR. El papel de la tecnología en la educación. Revista Ene - Año 3, No. 17, 2001. http://www.revistaene.com/n17/tecnologia.html.
[iii] DENNING, PETER J., A New Social Contract for Research, Comm. of ACM 40(2), Febrero 1997, pp. 132-134.
[iv] BRIDGES, EDWIN Y HALLINGER PHILIP. Implementing Problem Based Learning In Leadership Development Eric, University Of Oregon, Pp. 194, 1995
[v] BRUFFE, KENNETH A. Collaborative Learning: Higher Education, Interdependence, And The Authority Of Knowledge. The John Hopkins University Press, Pp. 317, 1999.
[vi] GLASGOW, NEAL. A. New Curriculum For New Times: A Guide To Student-Centered, Problem-Based Learning. Corwin Press. California, USA 1997
[vii] BROOKFIELD, STEPHEN D. Developing Critical Thinkers. Jossey-Bass, Pp. 293, USA 1987
· [viii] ROSENAU, JAMES N., The New Global Order. Underpinnings and Outcomes, Trabajo presentado en el XV Congreso Internacional de la Asociación Internacional de Ciencia Política, Buenos Aires, julio 24, 1991.
· [ix] BASARAB NICOLESCU. La Transdisciplinariedad una Nueva Visión del Mundo. En: http://perso.club-internet.fr/nicol/ciret/espagnol/visiones.htm
[x] RODRÍGUEZ FUENZALIDA, EUGENIO. Educación del pasado, educación del futuro, los cambios culturales. PUCP, Lima, noviembre 2000.
[xi] GARDNER, HOWARD. Truth, Beauty, and Goodness: An Education For All Human Beings. A Talk With Howard Gardner. 2000. http://www.edge.org/#3rd_culture/gardner/gardner_p2.html
[xii] MAYORGA, ROMÁN. Los desafíos a la universidad latinoamericana en el siglo XXI. En Revista Iberoamericana de Educación, Número 21. Universidad siglo XXI / Universidade século XXI. Septiembre - Diciembre 1999 / Setembro - Dezembro 1999.
[xiii] RIGAL, L. La escuela crítico democrática. Una asignatura pendiente en los umbrales del siglo XXI. En: La educación en el siglo XXI. Los retos del futuro inmediato. Ed. GRAÓ. Biblioteca de Aula 136. 2° ed. Junio, 1999.
[xiv] RIFFKIN. El fin del trabajo: El Fin del Trabajo Paidos Ediciones, Bs Aires, 1996.
[xv] SIR JOHN DANIEL "The University of the Future and the Future of Universities," by, vice-chancellor, The Open University, and president, The United States Open University. Taken from the "Improving University Learning and Teaching. En: http://www.open.ac.uk/vcs-speeches/
[xvii] GOERTZEL, BEN & BUGAJ, STEPHAN VLADIMIR. The Internet Supermind and Beyond. July 2000. http://goertzel.org/benzine/
[xviii] BRUNNER, JOSE JOAQUIN. Educación: Escenarios de futuro. Enero 2000.
[xix] ANTONIO M. BATTRO, PERCIVAL J. DENHAM. La educacion digital una nueva era del conocimiento. http://www.byd.com.ar/edwww.htm
[xx] SUBIRIATS, M.. La educación del siglo XXI. La urgencia de una educación moral. En: La educación en el siglo XXI. Los retos del futuro inmediato. Ed. GRAÓ. Biblioteca de Aula 136. 2° ed. Junio, 1999.
[xxi] CASTELLS, MANUEL. “The Information Age: Economy, Society, and Culture”. Oxford: Blackwell. Vol. I “The rise of the network society” (1996). Vol II “The power of identity” (1997). Vol III “End of millennium” (1998).
[xxii] http://www.educaweb.com/esp/secciones/debate/text.asp?id=106&sec=8&op=1
[xxiii] CIFUENTES SEVES, LUIS. Crisis Y Futuro De La Universidad. http://www.cpi.uchile.cl/
[xxiv] AMATA GARITO, MARÍA. La Universidad del futuro: Hacia un proceso de enseñanza-aprendizaje integrado y abierto. http://www.uninettuno.it/garito/approfond/appr_saggi_dati.html
[xxv] BRUNNER, JOSÉ JOAQUIN. Educación: Escenarios De Futuro. Enero 2000.
[xxvii] David W. Johnson, Roger T. Johnson, and Mary Beth Stanne. Cooperative Learning Methods: A Meta-Analysis. University of Minnesota. www.clcrc.com/pages/cl-methods.html. May, 2000
Cuadro elaborado por Paul Roeders. 1996
- - Fuerte influencia negativa
- Influencia negativa
o Influencia no significativa
+ Influencia positiva
++ Fuerte influencia positiva

[xxviii] CRUZ TOMÉ, M.A.: Modelo de profesor y modelo de formación. A hornilla, t. (coord.): formación del profesorado universitario y calidad de la enseñanza. Universidad del país vasco. Zarautz. 1999
[xxix] VALVERDE, J. y GARRIDO, M. C. (1999). "El impacto de las Tecnologías de la información y la comunicación en los roles docentes universitarios".Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 2 (1), http://www.uva.es/aufop/publica/revelfop/99-v2n1.htm

Wednesday, March 28, 2007

EN LA LÓGICA DE LOS VÍDEO-JUEGOS: ¿Cómo “enganchar” a los estudiantes con su aprendizaje?

El siguiente es un viejo, pero actual, artículo que escribí para el Informativo de la PUCP, contando con el aporte y las sugerencias de toda la CMP de entonces.



Los vídeo-juegos logran atrapar entre sus redes a niños, jóvenes e inclusive a muchos adultos que pierden la noción del tiempo jugando contra una máquina ávidos por alcanzar el siguiente nivel. Muchos los consideran perniciosos y algunos profesores hemos pensado: “cómo quisiera motivar y atrapar así a mis estudiantes en los contenidos de mi curso”. Con el propósito de aprender algo de ellos, proponemos las siguientes reflexiones:

Estos juegos se caracterizan por plantear al jugador un reto que, para ser superado, requiere aprender ciertas claves y adquirir determinadas pericias y habilidades. Si lo van logrando, les ofrece recompensas parciales y puntaje acumulable hasta que, cuando el reto se supera totalmente, propone uno nuevo y más complejo. Los que “enganchan” mejor al jugador son los le otorgan el control de la situación y el protagonismo.

Lo sorprendente es que mantienen la atención del jugador sin ofrecerle premios externos, sólo la satisfacción de haber superado la dificultad. ¿Cómo lo logran? ¿A qué claves psicológicas recurren con tanto éxito?

Los diseñadores de vídeo-juegos han encontrado la manera de aprovechar las investigaciones sobre la motivación, especialmente la intrínseca o motivación por la tarea. Los seres humanos no toleramos el misterio sin resolver y el reto sin enfrentar, sobre todo si parece posible vencerlo. El éxito frente a una tarea refuerza la motivación inicial e impulsa hacia nuevos o mayores retos.

Los profesores podemos aprovechar esos mismos principios de la siguiente manera:

· Haga del problema el punto de partida y no el de llegada de cada nuevo aprendizaje. Invierta la secuencia tradicional de enseñanza. Plantee a los estudiantes un problema que requiere de nuevos conceptos y habilidades para ser resuelto. Hacerlo resultará provocador y despertará las ganas por aprenderlos y superar el reto inicial. Lo inverso, primero los conceptos, luego algunos ejemplos y finalmente ejercicios de aplicación, puede resultar poco provocador e ineficaz para lograr aprendizajes significativos y de largo plazo.

· Proponga problemas, retos o situaciones reales. Los problemas cotidianos, que requieren de nuevos conocimientos para ser resueltos, son eficaces para motivar. También los tomados del ámbito profesional, pues quien sueña con ser economista, abogado o ingeniero no podrá quedarse impávido frente a un problema parecido a los que se enfrentará cuando lo sea.

· Diseñe su curso y cada una de sus clases como una serie de retos a superar. Elabore una secuencia que vaya de lo aparentemente más simple hacia lo más complejo y de mayor profundidad.

· Brinde frecuentemente información sobre el desempeño. Los estudiantes necesitan saber si están acertando o cometiendo algún error. La retroalimentación positiva, la felicitación por el pequeño acierto, refuerza la motivación e impulsa hacia delante.

· Con espíritu socrático, proponga preguntas en lugar de dar respuestas. Invierta energía en repreguntar y conducir los estudiantes hacia la formulación de sus propias respuestas, en vez de proporcionárselas. Logrará activar sus capacidades de razonamiento y pensamiento crítico, permitirá que se sientan satisfechos con lo que alcanzaron y aún más motivados.

· Proponga preguntas y problemas abiertos que permitan la confrontación de diversos puntos de vista y estrategias. Haciéndolo provocará la profundización y una mejor comprensión de los conceptos, además de motivar hacia la investigación propia. Preguntas y problemas cerrados, de única respuesta, suelen generar pasividad y memorismo sin adecuada comprensión.

Wednesday, March 21, 2007

TRAS DOS AÑOS DE INTENSA EXPERIENCIA

COLEGIO SAN IGNACIO DE LOYOLA - PIURA
TRAS DOS AÑOS DE INTENSA EXPERIENCIA INTEGRANDO COMPUTADORAS E INTERNET EN LA PROPUESTA PEDAGÓGICA IGNACIANA
(Artículo que será publicado en el anuario 2006 de la Compañía de Jesús)

Luis Bretel
CONSIGNA-Educación
Para leer el artículo completo vaya a:
http://breteleandoexperiencia.blogspot.com/

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